¿Existe un milenario plan extraterrestre para que la civilización humana avance según sus designios? ¿Los alienígenas nos han filtrado todos nuestros descubrimientos a través del aire que respiramos? No tenemos ni idea, pero esa teoría existe y es la única que puede explicarnos que, en los 90, la casi desconocida escena black metal de Estados Unidos explotara al mismo tiempo que la noruega. 

Por Pau Navarra (periodista de la revista RockZone y CEO de la agencia y sello Blood Fire Death). 

Dentro de la ufología más recauchutada, existe una teoría bastante rocambolesca que defiende lo siguiente: todo nuestro conocimiento, todos los grandes adelantos que se han dado en la historia humana, nos han sido revelados por los alienígenas. De alguna manera, los hombrecitos verdes se las han apañado para que, de forma progresiva y cuando estuviéramos intelectualmente preparados, la inspiración para dar el siguiente paso tecnológico, médico o de la naturaleza que sea, se filtrara en nuestro cerebro por medio del aire y diéramos con ese logro. Lo que esto viene a decir es que, si Alexander Fleming no hubiera descubierto la penicilina, tranquilos, porque hacia 1928 algún otro científico habría dado con ella. Estaba escrito en el guión previo de algún habitante de Venus, simplemente era el momento que los grises habían decidido que desveláramos eso, y es que, en realidad, no deja de resultar inquietante que, por ejemplo, en la segunda mitad del siglo XIX, tantas mentes brillantes estuvieran pensando al mismo tiempo en cómo dar con el teléfono cuando les separaban cientos de kilómetros, apenas se relacionaban entre ellos por el celo que mantenían hacia sus pesquisas y, obviamente, lo vital que resultaba ser el primero en patentar cualquier nuevo invento. Que podría haber sido Antonio Meucci, Alexander Graham Bell o Marianico el Corto, pero créanme: tarde o temprano habríamos podido hablar con la abuela de Béjar desde Écija porque así lo había decidido ET. 

En el metal extremo, de momento el mayor logro de nuestra especie, esta teoría nos viene como anillo al dedo para explicar la eclosión del death metal. De hecho, es de las pocas que me convencen un poco… Possessed podrían haber pasado de este término en su demo y canción de 1984, también de los guturales, y Chuck Schuldiner podría haberse dedicado a las canicas en vez de darle cuerpo y alma al estilo, ¿pero cómo me explican que, más o menos por aquellos años, en la lejana Suecia también estuvieran planteando la misma aberración musical? Por los trades de cintas, los fanzines y la influencia de las bandas dentro del underground, de acuerdo, pero mola más pensar que un ovni se pasó por la Tierra y decidió que Death, Nihilist o Carnage fueran pioneros de este estilo, ¿o no? 

En el black metal ocurre exactamente lo mismo: la peña suele citar de carrerilla a Venom, Hellhammer/Celtic Frost y Bathory como los padres del género maldito en los 80, y a Noruega como el epicentro de la gran explosión final durante la década siguiente, ¿pero qué me dicen de los checos Master’s Hammer o Tudor, los griegos Necromantia, los finlandeses Beherit, Vulcano o Mystifier en Brasil, Sadistik Exekution en Australia, Tormentor en Hungría, o de los italianos Bulldozer y Mortuary Drape? Por supuesto, las formaciones que se suelen sacar a la palestra para explicar su surgimiento son las fundamentales, y la gran ola noruega sigue siendo lo más gigantesco que le ha ocurrido al estilo, pero a finales de los 80, el black metal tenía que erigirse, era algo que no se podía parar, y como distintas polis griegas dispersadas por el mundo, y bajo el negro velo de los marcianos, claro, tarde o temprano se habría constituido como escena en algún punto del planeta. 

Ahora es cuando realmente entramos en materia, y es que, como ya mostré en RockZone hace más o menos seis años con Les Légions Noires francesas, prácticamente al mismo tiempo que la escalofriante escena noruega aterraba a la comunidad metálica en los 90, otros países también tenían la suya propia, aunque infinitamente más desconocida, subterránea, diseminada y, que nosotros sepamos, sin los escabrosos sucesos que todos conocemos. Sin ir más lejos, el vasto y beato territorio estadounidense siempre ha sido muy prolífico en cuanto a black metal, aunque seguramente no ha sido hasta hace bien poco que de verdad hemos empezado a reconocer la tremenda calidad que muchos de sus grupos atesoran. Con la ayuda de Kang y Kodos, veamos pues qué es lo que entrañan los Estados Unidos de las Tinieblas, viajemos desde sus primeros días hasta hoy, degustemos sus mejores bandas y obras, y sobre todo, recordemos la virulencia y el horror que suelen mostrar casi todas ellas. 

En 1987, Von decidieron empezar a mancillar los States con su infausta música necrótica. Para demasiados metalheads instruidos, Von no son más que mugre y reiteración, pero carajo, es justo esa mugre y casi estúpida reiteración lo que resulta flipante de ellos. Además, su influencia es mucho más profunda de lo que muchos imaginan… Si viajamos hasta Suecia, hasta The Secrets Of The Black Arts, el fabuloso debut en largo de Dark Funeral, pues ya encontramos una versión de su ‘Satanic Blood’, y tal y como Erik Danielsson de Watain cuenta en el documental Opus Diaboli, si la banda más importante del black actual se llama así es precisamente por la canción de Von. Dos años después, en el 89, los intratables Demoncy ya gestaban la inigualable tormenta sónica que desatarían poco después. El nivel de oscuridad y malicia que este combo ha logrado plasmar en sus trabajos es indescriptible, resaltando Faustian Dawn o Within The Sylvan Realms Of Frost un manjar sólo apto para verdaderos creyentes. Si de Von destacábamos su reiteración, entonces debemos hablar de Profanatica, quienes tiran de este recurso hasta límites ultrajantes. Nacido del seno de Incantation en 1990, el clan de Paul Ledney fue muy prolífico en sus primeros dos años de vida, surtiéndonos de varias demos, EPs y splits. Luego lo dejaron y volvieron en 2001, y no fue hasta 2007 que no entregaron su primer álbum, Profanatitas De Domonatia, aunque opino que su mejor opus es el tremendo Disgusting Blasphemies Against God. Básicos hasta el abuso, son las ruidosísimas producciones de Profanatica, únicas en su especie, las que les convierten en los amos del cotarro más under dentro del USBM. Y si quieren más, no se pierdan Havohej. 

Aunque se formaron en el 89 en Cali, Colombia, como estadounidense debe ser considerada la que sin duda es su banda más reconocida internacionalmente: Inquisition. Una vez el dúo se asentó en Seattle, la demonología cósmica de Dagon e Incubus empezó a dar sus frutos con Into The Infernal Regions Of The Ancient Cult, uno de los mejores álbumes de black metal que haya escuchado nunca, u Ominous Doctrines Of The Perpetual Mystical Macrocosm, en el top del estilo dentro de lo publicado este siglo. 

Ya entrados los 90 brotan un sinfín de grupos en muchos puntos del país del Big Mac, destacando la prolífica y reverenciada banda de un solo miembro Judas Iscariot, con un Akhenaten que también se vincula a combos tan interesantes como Sarcophagus. Por su parte, el merecido culto hacia Absu se empezaría a forjar con Barathrum: V.I.T.R.I.O.L., y es que Texas siempre ha sido terreno abonado para las propuestas más demoníacas. Black Funeral también son de allí, y debutarían con el excelente Vampyr – Throne Of The Beast en el 95. Por no hablar de Averse Sefira, grupo muy querido que por desgracia cesó su actividad en 2012, de fuerte inspiración escandinava, músculo bastante death y que no giró precisamente poco. 

En la soleada California podríamos hallar un caso similar: allí el USBM siempre ha tenido una amplia representación pese a la poca tregua que el astro rey pueda darles. A Weakling se les sigue echando de menos, tenemos a Lightning Swords Of Death, y los primeros pasos de Leviathan también se dieron entre surf y patinadores en tanga. Wrest, el hombre detrás de la criatura, integró Lurker Of Chalice, Twilight o Krieg, pero si tengo que escoger una obra suya, desde luego me quedo con el imprescindible The Tenth Sub Level Of Suicide de Leviathan. Anonadante agonía. Como le ocurrió a Wrest con Scar Sighted, en un momento concreto, vete a saber por qué, los modernos empezaron a reverenciar la discografía del también californiano combo Xasthur, aunque eso poco influyó en el mayor emblema del depressive y atmospheric black que haya dado Estados Unidos. Ya que entramos en tonadas suicidas, tampoco se pierdan la obra de Krohm. Terminando con esta zona americana, Battle Dagorath pueden proporcionar bonitas ensoñaciones ambient black, mientras que Ash Borer están demostrando que la atención que están recibiendo es del todo merecida. Eso sí, para los realmente enfermos recomendamos la subescena ultraminoritaria Black Twilight Circle, con bandas como Volahn, Arizmenda, y aunque sean de Portland, otro de los epicentros blackers norteamericanos, Kuxan Suum. O también Axeman, Ash Pool o Bone Awl… Hay todo un inframundo ahí debajo. 

Dentro de la corriente más sádica, rudimentaria y cruel del black no nos podíamos olvidar del bestial black, también conocido como war metal, casi un estilo que camina por sí solo, y es que al otro lado del charco, parece que el puritanismo más rancio ayude a que este tipo de grupos proliferen cual setas en otoño. Hablar de war metal en los States es hacerlo de Black Witchery, pero también podríamos citar a Morbosidad como los más grandes exponentes de esta canallada en esas tierras. Weregoat, Abysmal Lord, Crurifragium, los Kerasphorus surgidos de los backened death Angelcorpse… Muchas son las formaciones que últimamente aniquilan nuestros oídos desde esas latitudes. 

Sería injusto dar por terminado este repaso sin citar a Abazagorath, Avichi, Uada, Kult Ov Azazel, Orgy Of Carrion, Veil, Deteriorate, Demonic, Yamatu, Ghost Bath, Withered o los espectrales Velvet Cacoon. Y con un toque mucho más death, históricos como Sathanas y Acheron. Un país donde gobierna Donald Trump y el KKK casi que es visto como un mero club de campo por supuesto también hace sus pinitos con el NSBM, pero mejor centrarse en los imperiales Agalloch, una delicia del pagan black de tintes más folk poseedora de una intachable discografía, o ahora que se han separado, en Pillorian. Ludicra tampoco están nada mal si se buscan experiencias diferentes. Falls Of Rauros también se mueven por esos lares folkies. Los para mí sobrevalorados Nachtmystium pueden ser una buena opción, por no hablar de Nightbringer, con VJS dejando también su impronta en Incursus o Crimson Moon. Allí el black sinfónico tiene nombre y apellido, Abigail Williams, y lo mismo ocurre con el black thrash, en el que Goatwhore gobiernan con puño de hierro, seguidos de Black Anvil. 

Para el final hemos reservado aquellas formaciones que, para bien o para mal, han logrado romper el (maravilloso) cerco sectario del black metal para trascender en otros circuitos. Hablamos de Tombs, Krallice, de los muy rockeros Cobalt, de Panopticon, que suenan a lo que Austin Lunn quiere a cada momento, de los experimentales Liturgy y, cómo no, de Wolves In The Throne Room y Deafheaven. De los primeros no se pierdan Diadem Of 12 Stars y Two Hunters, aunque el resto también sea memorable, y de George Clarke y compañía… pues por mucha rabia que den sus pintas, telita con su obra. 

Y recordad: todo este black, todas estas escenas apareciendo casi al mismo tiempo, fue y sigue siendo por obra y gracia de nuestros coleguis interestelares. De corazón, gracias por Deadpool, Euronymous y las toallitas húmedas del baño.